Víctor

Un auriga complutense

Un fragmento de pintura mural proveniente de la Villa del Val nos ha permitido conocer al que posiblemente fuera un auriga complutense, Victoris. Los aurigas eran los hombres encargados de conducir los carros tirados por caballos, bigas o cuadrigas, que además de ser un medio de transporte, formaban parte de uno de los espectáculos favoritos de los romanos. Los aurigas en origen, solían ser esclavos, pero a finales de la República, muchos hijos de familias nobles se dedicaron a esta actividad llegando a convertirse en personajes famosos y consiguiendo amasar grandes fortunas.

Fragmento de pintura mural de la Casa del Val.
Fragmento de pintura mural con la representación de un auriga

El auriga complutense aparece representado en una pintura mural guiando un carro tirado por dos caballos (biga), ataviado con una casaca de color rojo y un tocado en la cabeza que seguramente sería un casco. Aparece con los brazos extendidos sujetando las riendas de dos caballos engalanados con palmas sobre sus cabezas. Su nombre ha llegado hasta nosotros gracias a la inscripción que aparece en la parte alta de la escena: Victoris.

Victoris debió ser un famoso auriga complutense que fue representado en una pintura mural para conmemorar posiblemente alguno de sus triunfos o su fama. Dado que la Villa del Val estaba dedicada, entre otras cosas, a la cría de caballos, Victoris pudo haber sido un noble, miembro de la familia dueña de dicha villa, o un esclavo. Ambas son hipótesis que no se pueden documentar en la actualidad.

El dato

Cada auriga pertenecía a una facción, representada por el color de su ropa, pero a lo largo de su carrera podían cambiar de facción y correr para otras. Durante la República romana solo existieron dos facciones, la blanca y la roja, pero en el Imperio llegaron a existir hasta seis.

Los romanos introdujeron en Hispania las carreras de carros, las representaciones teatrales y los espectáculos de gladiadores (los ludi circensis o juegos), existentes en Roma varios siglos atrás. Las carreras de carros eran las preferidas por los romanos y se convirtieron en un espectáculo sangriento y peligroso en el que se solía apostar dinero.

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